Compartiendo un café y hablando de temas varios al lado de un colega, llegamos al momento donde los desahogos salen a relucir y ya no se pueden contener; entonces con una vos temblorosa y con tono reprochante, (como quien está inconforme con una situación, pero se la tiene que aguantar) mi colega pronunció de forma firme y pausada… – No sé qué hacer con el saldo de esa cuenta, si le doy de baja malo y si no también, no sé qué hacer.

Un poco preocupado por la cara de angustia que le vi, le dije que me contara que pasaba, y paso seguido inicio a detallar la situación, (de forma muy similar en la que un creyente se confiesa con el sacerdote).

Mi colega dijo – Lo que pasa es que, desde hace muchos años, el dueño mayoritario de la empresa donde trabajo que es el gerente general, se tomó a modo de “Préstamo” una cuantía significativa, para lo cual inicialmente expresó (como acuerdo verbal) que se pagaría con utilidades futuras, cosa que finalizando el siguiente año ya no hubiese deuda. Sin embargo, ha ocurrido todo lo contrario, cada vez hace más y más retiros. ¿Vos crees que ese señor va a pagar algo?, Incluso las utilidades por distribuir ya las ha capitalizado, y la parte restante no se puede tocar porque se disminuye el patrimonio y no conviene eso porque los bancos están muy pendientes.

Yo le sugerí – continuó diciendo – hacerle abonos con las utilidades, porque cada vez hace más retiros y se descompuso tanto que me dijo “Yo soy el dueño y puedo hacer con mi plata lo que quiera”. Incluso en la última reunión que tuvimos y le recordé nuevamente la deuda y tan solo me mencionó que la mantenga hasta nueva orden. Todo esto me tiene preocupado porque yo sé que la empresa no tiene ningún activo y cada vez que envío información a los bancos debo “crearle una nueva historia” para sustentar dicho valor, ¿no ves que yo soy el que firmo? – Dijo mi amigo mientras su mano le sostenía la cara.

Estuvimos por un momento en silencio, pareciera que el tiempo se hubiera detenido, unos segundos después levantó su cabeza lentamente y con su ánimo un poco restablecido, intenté animarlo proponiéndole las posibles salidas al problema

Juan, (así se llamaba mi colega), esto es muy común que ocurra en las empresas pues los propietarios que son gerentes creen que el dinero de la entidad lo puede manejar sin medir consecuencias, por eso, lo primero que tienes que definir con el dueño es si él va a pagar o no lo va a hacer. Si el señor dice: “voy a pagar”, yo te recomiendo que se debe de hacer un acuerdo escrito donde quede la evidencia de cómo y cuándo va a pagar, así sea aumentando su remuneración, para descontar financieramente la periodicidad de la suma acordada. Sin embargo, no sabía cómo explicarle que se debe aplicar la metodología de valor presente bien sea que se le cobre o no intereses, pues no siempre es fácil de entender.

Si el señor dice que no se va a pagar, esa plática se “perdió” para la empresa, y como se perdió, te propongo dos alternativas:

  • La primera alternativa es no volver a manejar cuentas por cobrar porque la entidad va a presentar un activo que no existe. Es su lugar, manejar tales pagos, pero como un menor valor del patrimonio, debido a que es un retiro anticipado de utilidades.
  • La segunda alternativa es castigar el saldo pendiente de cuentas por cobrar, y en adelante seguirlo haciendo con cada pago, advirtiéndole que ese gasto no se puede deducir de los impuestos a menos que sea considerado una remuneración adicional, una prima, una bonificación o como se desee llamarla que configuraría un ingreso para él.

Fíjate que en ambos casos, se reduce el patrimonio al igual que cuando se reparten utilidades.

No le des más vueltas – le repliqué con firmeza, si no haces algo te estás responsabilizando de los estados financieros que estás firmando y certificando, y cuentas con toda la información para poder tomar la correcta decisión. Tienes que explicárselo al dueño de la empresa.

Con una pequeña sonrisa burlesca, dibujada en su rostro, y con tono de incredulidad, me miró y me preguntó, – Bueno, ¿y si el señor no quiere que le disminuyan sus activos y patrimonio? Yo le contesté inmediatamente porque me preocupó que mi amigo y colega no tuviera claro un tema legal y delicado y le dije: En cualquier momento se te puede volver en contra tuya como contador que das FE PÚBLICA de la información que estás entregando a terceros.

Con voz firme le enfaticé – Pues el problema no es si quiere o no, recuerda que los Estados Financieros son documentos legales y por eso cuando te menciono que mientes, la realidad es que estás cometiendo un FRAUDE con las personas que leen los estados financieros y tú estás involucrado como cómplice de ese delito. Un engaño es un DOLO y por eso se está cometiendo un fraude con la información reportada.

Mi amigo y colega se sorprende de mis palabras y dice: ¡No seas tan exagerado!, porqué un delito yo no estoy haciendo nada malo y muchas personas hacen lo mismo! – Yo no sabía que contestarle porque es algo muy común en las empresas, donde el dueño es el gerente, se realicen retiros de dinero sin rendirle cuentas a nadie y abusando de su calidad de propietario y administrador, sin embargo, me puse a pensar con calma y le contesté:

Analicemos la situación, ¿el dinero que le estás entregando es del dueño? ¿Verdad que no? Ese dinero es un activo y no tenemos ninguna deuda con él, por lo tanto, él como gerente está administrando unos recursos que no son todavía parte de su patrimonio hasta que no se determine si tiene derecho a utilidades o no, es decir, no se lo ha ganado. Por eso, si el dinero no va a ser reembolsado, entonces técnicamente es un gasto de la empresa, que debe ser tratado como pago por los servicios que está prestando, o un menor valor de su participación que está en el patrimonio. Mi amigo se quedó sin palabras y tan solo expresó con voz y actitud de resignación

Me siento entre la espada y la pared, eso yo lo tenía claro, pero necesitaba que alguien adicional me lo dijera, ¡gracias por tus palabras!, pero veo complicado el tema porque eso no será posible y prácticamente voy a correr el riesgo porque hasta ahora no me ha pasado nada y espero que nunca ocurra, al fin y al cabo, las entidades que nos vigilen no se van a dar cuenta y no creo que esté con tan mala suerte que me suspendan o peor aún me cancelen la tarjeta profesional…

Yo traté de terminar la conversación porque veía que el cambio no se iba a dar, que su ética profesional había sido quebrantada y que habíamos llegado a una situación donde solo habrá cambio cuando ocurra algo grave, casi me sentía como el paciente que no quiere admitir una enfermedad y espera que un milagro cure su problema.

Al final solo le dije: Solo espero que, mi amigo y colega, no te ocurra nada y no te lamentes de no haber sido más exigente y estricto con los requisitos legales y dejar al azar tu futuro. Eso sí, no te olvides que, siempre tendrás en tu conciencia que tu actuar no es correcto y a la consciencia no se le puede mentir.

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